Las vueltas vuelven a volver

¿Cuántas veces se puede volver? Es decir. Reformulo. ¿Cuál es el número de "vueltas" perdonable por un ser humano medio? Supongo que hay tantas respuestas como seres humanos. Cada cual tiene un umbral diferente para todo. Desde el umbral de dolor al defecar hasta el Umbral que viene a hablar de su libro. Pues bien. ¿Qué puto número es? Te lo pregunto a ti. Lector. Espero tu respuesta en forma de comentario. 

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Debería quedar meridianamente claro que esta entrada pretende ser el pistoletazo de salida para una nueva edad de oro de aqueste blog, tan vilipendiado por mí, su propietario. A diario sale de mi mente cual trama de película mala y, en ocasiones, vuelve. Vuelve a mí en forma de perro defecando en la calle, anciano gritando a nubes o, como es el caso, comentario anónimo en una entrada de hace tiempo llamada "El increíble viaje de maíz", en el que hablo sobre la capacidad de los maíces de salir intactos del increíble viaje que supone nuestro tracto digestivo. De modo que he de agradecer (y tú también si estás leyendo esta mierda) a ese anónimo surfista de la red de redes que, en pos de amar al prójimo, dejó un comentario que me hizo releer la entrada y darme cuenta de que tengo una maravillosa misión par con el resto de la humanidad. La misión puede que no este del todo clara; puede que no sea una misión en absoluto y todo se trate de vomitar mis palabras a través del teclado directamente a los ojos de los lectores. Puede que la imagen de vuestros ojos rezumando vómito sea todo lo que necesito. Nunca lo sabremos. Lo que sí sabemos es que pretendo subir una entrada por semana. No es demasiado y puede que hasta dentro de varios meses no me vuelva a escupir la musa del blog en la nuca, PERO, la intención está ahí. Y esa intención es la que debería modular tu umbral de perdón con esta, mi enésima vuelta. 

Y ya. 

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